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Alimentación

Resíduos pesticidas en alimentos frescos

Los alimentos pueden ser una vía importante de entrada de contaminantes químicos a nuestro cuerpo: tóxicos industriales, residuos de pesticidas, aditivos… Muchos contaminantes vertidos al aire, ríos, mares y suelos suelen acabar en la cadena alimentaria, a veces concentrándose en niveles crecientes según se asciende por ellas. 

Pesticidas

Muchos alimentos pueden estar contaminados, por ejemplo, con residuos de pesticidas utilizados en la agricultura convencional. Uno de los problemas principales es el escaso seguimiento que se hace de la presencia de estos contaminantes. Sin embargo, los estudios realizados los detectan en un porcentaje nada despreciable de las muestras de frutas, cereales, hortalizas... Aunque la mayor parte de las veces no se superan los llamados límites “legales” cada vez más estudios asocian esos niveles aparentemente “bajos” de residuos con los más diversos posibles problemas de salud.

Uno de los aspectos de mayor preocupación en relación a la exposición a pesticidas es el que tiene que ver con la infancia. Los niños acumulan más residuos de pesticidas y son más sensibles a sus efectos. Diversas investigaciones asocian la exposición a pesticidas como los organofosforados, ya durante el embarazo, con posteriores problemas en el desarrollo mental después de nacer. La exposición de los niños a los pesticidas también ha sido ligada a desarreglos en la conducta, desarrollo motor, memoria, etc. Preocupando singularmente la posible asociación con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad.

Algunos de los pesticidas que en este momento figuran entre los más usados de la Unión Europea y, por ende, de los que cabe esperar más frecuentemente como residuos en las frutas y verduras, podrían alterar, entre otras cosas, las hormonas masculinas, tal y como muestra, por ejemplo, una investigación realizada por el Centro de Toxicología de la Universidad de Londres, con ayuda de la Comisión Europea.

Mercurio en el pescado

Las aguas son receptoras de muchos contaminantes, que se concentran en los organismos vivos que viven en ellas, como los peces. Es un tema que ha hecho que algunas autoridades, como las de la Unión Europea, alerten por ejemplo a las mujeres embarazadas acerca del exceso de consumo de diversas especies de pescado a consecuencia de sus elevadas concentraciones de mercurio.

Los españoles en particular tenemos en nuestros cuerpos unos muy altos niveles de mercurio, si nos comparamos con otros países europeos, tal y como ha alertado el Instituto de Salud Carlos III. En buena medida, por el pescado. En concreto 10 veces más altos que los alemanes, por ejemplo. Cosas como esta han de ser tenidas en cuenta.

Diversos estudios han mostrado la presencia de contaminantes en diferentes especies de pescado y de marisco, por lo que es recomendable asesorarse bien con vistas a garantizar que un exceso de consumo de algunas especies no ocasione problemas por exponerse en exceso a sustancias como arsénico, éteres difenílicos polibromados, éteres difenílicos policlorados, hexaclorobenceno, hidrocarburos aromáticos policíclicos o naftalenos policlorados.

 Para más información: 

 Documento "Comida Disruptora"
 Documento "Mercurio en el pescado" 
 Información sobre Pesticidas en Fundación Vivo Sano 

 

Conservantes, edulcorantes y colorantes de los alimentos procesados

Según la Organización Mundial de la Salud, los aditivos son “sustancias no nutritivas añadidas intencionadamente a los alimentos, normalmente en pequeñas cantidades, para mejorar su apariencia, sabor, consistencia o su conservación”. Una gran parte de los aditivos se utilizan para mejorar artificialmente el aspecto y la coloración de los alimentos, para potenciar o corregir su sabor... Se emplean más de 3.800 aditivos y un gran porcentaje no tienen ningún valor nutritivo y pueden entrañar riesgo para la salud. Las normas de la Unión Europea obligan a incluir la referencia a los aditivos dentro del etiquetado de cualquier producto. 

La mayoría de los productos que consumimos hoy en día contienen gran cantidad de aditivos, casi todos sintéticos. Aunque la mayoría de ellos son inocuos, algunos de ellos pueden ser perjudiciales para algunas personas. Otros se usan porque sus beneficios son mayores que sus riesgos. Muchos de ellos están siendo reevaluados por la EFSA (la autoridad europea en seguridad alimentaria) para confirmar su inocuidad en los productos y cantidades usadas realmente.

Las golosinas, helados, bollería industrial y caramelos son los productos que mayor cantidad de aditivos contienen, en particular emulsionantes sintéticos de dudosa inocuidad (en Alemania muchos de ellos están prohibidos). Paradojicamente es un mercado orientado al público infantil y no existe una información clara al respecto. Se administran dosis más elevadas de estas sustancias en los alimentos destinados a los cuerpos infantiles, más pequeños y vulnerables.

Tipos de aditivos según la UE
Colorantes Mejoran en aspecto y color E100 a E199
Conservantes Mejoran la conservación del producto E200 a E299
Antioxidantes Evitan la oxidación de los alimentos E300 a E399
Emulsionantes, estabilizantes, espesantes y gelificantes Destinados a mejorar diversas cualidades como sabor, aspecto, consistencia... E400 a E499
Potenciadores del sabor Potencian el sabor H5514 a H5817
Edulcorantes artificiales Para dar sabor dulce al alimento H6880 a H6887
Claves de la nomenclatura

Comienzan por E: son los autorizados por la CEE (Comunidad Económica Europea)

Comienzan por H (ej. H-6881) son los autorizados además en España.

Aditivos que no van precedidos por ninguna letra, son solo numéricos, son aquellos que están reglamentados provisionalmente.

Algunos polémicos

Tartracina (E-102): colorante artificial muy común en la industria alimentaria, presente en alimentos de todo tipo: bebidas, purés, patatas fritas, repostería, sopas instantáneas, helados, caramelos, chicles, mermeladas yogur, gelatinas… En general puede estar en cualquier alimento de color amarillo o naranja. Es además el colorante que se comercializa para “amarillear” las paellas. Se trata de uno de los colorantes más cuestionados desde la publicación en 2007 de un estudio en The Lancet que asociaba su consumo, y el de otras cinco sustancias, con el aumento de la hiperactividad en los niños. 

Amarillo crepúsculo (E-110): presente en alimentos como mermeladas de albaricoque, galletas y productos de pastelería, sopas instantáneas, batidos de chocolate, harina para rebozar y margarinas. Se fabrica a partir de hidrocarburos aromáticos de petróleo y estaba presente también en el estudio de The Lancet que lo relaciona con la hiperactividad. Además, es responsable de reacciones alérgicas en personas con intolerancia a la aspirina. 

Azul brillante FCP (E-133): es un colorante, tóxico a partir de ciertas cantidades, que estaba prohibido en numerosos países europeos antes de que la AESA aprobara su uso alimenticio (aún está prohibido en Suiza). Se usa, principalmente, para colorear de azul helados, dulces y bebidas (es el colorante que da su tono característico a algunos refrescos para deportistas y a las bebidas de tipo blue tropic).

Butilhidroxianisol y Butilhidroxitolueno (E-320 y E-321): antioxidantes de origen sintético, proceden de la industria petrolera y se utilizan en alimentación, muchas veces combinados ya que potencian mutuamente sus efectos, para evitar la degradación de las grasas. 

Existen tablas de aditivos dudosos y sobre aquellos que se deben evitar. Pero, como regla general, se puede decir que un alimento, cuanto más procesado está, más aditivos contiene, y al contrario. La verdura y fruta fresca, el arroz, la carne de carnicería... los alimentos que no se han procesado industrialmente son los más sanos en este sentido.

 

 Para más información: 

 Clasificación de la OCU de los aditivos alimentarios
 Ecologistas en Acción: Los aditivos alimentarios 
 


Plásticos

Algunos plásticos, a pesar de su apariencia, pueden ser importantes fuentes de liberación de sustancias. Ejemplo de ello es el policarbonato, cuya liberación de bisfenol A, llevó a que la Unión Europea decidiese eliminarlo de los biberones infantiles. Así mismo, otros plásticos pueden también desprender sustancias conflictivas como ftalatos o retardantes de llama que pueden acabar formando parte del polvo doméstico.

Una primera cosa importante es saber distinguir los distintos tipos de plásticos. Para ello muchos plásticos suelen llevar un símbolo con un número y unas letras:

  1. Polietilterenftalato (PET)
  2. Polietileno de alta densidad (PE-HD)
  3. Cloruro de polivinilo (PVC)
  4. Polietileno de baja densidad (PE-LD)
  5. Polipropileno (PP)
  6. Poliestireno (PS)
  7. Otros (0): PMMA, PA, PLA, PC (policarbonato), etc.

Es especialmente importante evitar el tipo 3 (puede contener ftalatos), tipo 6 y tipo 7 (puede contener bisfenol A). Las botellas del tipo 1 solo se deben usar una vez; en sucesivas utilizaciones pueden desprender ftalatos. 

Sin embargo, la información sobre qué compuestos contienen los plásticos, bien como constituyentes o como aditivos, es enormemente deficiente. Y muchas veces se requiere cierta investigación para saber, por ejemplo, datos como que ciertos materiales de PVC pueden contener importantes cantidades de algunos ftalatos u otras sustancias problemáticas.

La presencia de materiales plásticos es muy importante en la mayoría de los entornos. Por ejemplo revistiendo suelos de las habitaciones infantiles, en las paredes, juguetes, etc.

La UE prohibió que se usasen ciertos ftalatos en determinados juguetes y productos infantiles. Pero queda mucho para conseguir que sea una realidad la ausencia de estas sustancias indeseables. Prueba de ello son las denuncias realizadas por entidades como la OCU que han seguido detectando sustancias como los ftalatos en diferentes tipos de productos: alfombras de juego infantiles, estuches de pinturas, figuras articuladas… Y en algunas ocasiones, otras sustancias como el plomo, detectadas por ejemplo en la pintura de algunos productos.

Alternativas a los plásticos

En general, los plásticos pueden representar una importante vía de entrada de tóxicos en los más pequeños. Un primer consejo sería reducir la cantidad de determinados plásticos en casa, por ejemplo de aquellos que pueden cubrir amplias superficies, tales como suelos. Un ejemplo de situación preocupante es la descrita por algunos estudios científicos sobre determinados suelos y recubrimientos plásticos de PVC en habitaciones infantiles, que han sido asociados a notables incrementos de riesgo de padecer problemas como el asma en los niños.

Otro ejemplo es el de los plásticos que a veces recubren los alimentos y que, especialmente si son calentados, pueden hacer pasar a la comida pequeñas cantidades de sustancias contaminantes. Evitar calentar alimentos y bebidas envasadas en plásticos es una medida básica de precaución.

Es importante conocer bien los efectos que la ciencia atribuye a sustancias presentes en muchos plásticos como los ftalatos, el bisfenol A, los retardantes de llama, etc., e intentar evitar o reducir el uso de los elementos que las contengan.

Conviene tener un mínimo de información acerca de qué tipo de plástico integra diferentes elementos del interior del hogar y hasta qué punto pueden estar liberando sustancias como ftalatos, retardantes de llama, bisfenol A, etc., y tender a minimizar su uso o incluso eliminarlos, especialmente si hablamos de su utilización en grandes cantidades y con una probabilidad alta de que puedan estar generando una liberación indeseada de contaminantes.

La amplia utilización de plásticos en el mundo actual hace que estén en los más diversos productos, por lo que para reducir los riesgos inherentes al contenido tóxico de algunos de ellos debemos consultar los diferentes apartados de esta obra donde se habla de ellos en los más diversos elementos del hogar (suelos, muebles, pinturas, juguetes, electrodomésticos electrónica…).


 Para más información: 

 Plásticos en Hogar sin tóxicos
 Documento sobre el Bisfenol A 
 Información sobre disruptores endocrinos en Fundación Vivo Sano 

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