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Ruido

La contaminación acústica es el segundo mayor problema ambiental por detrás de la contaminación del aire según la OMS. Este exceso de ruido está asociado con 50.000 infartos mortales cada año en Europa con más de 250.000 casos de enfermedades cardiovasculares, lo que supone un coste de 40.000 millones de euros anuales.

En concreto en España, más de 9 millones de personas soportan a diario niveles de ruido superiores a lo recomendado para la salud por la OMS, y casi 20 millones podrían estar sometidos a índices menores de ruido pero igualmente nocivos para la salud en caso de estar expuesto durante largos períodos de tiempo.

Existen diversas fuentes generadoras de ruido en las ciudades. Las principales son el tráfico, la actividad humana, la actividad industrial, la construcción de edificios, actividades lúdicas (locales de música y diversión), aviones y animales.

Niveles de ruido:

  • Muy bajo: 10 y 30 dB (bibliotecas).
  • Bajo: entre 30 y 55 dB. Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), considera los 50 dB como el límite superior deseable.
  • Ruidoso: a partir de 55 dB y hasta los 75 dB, el nivel se considera ruidoso. Los 65 dB se consiguen con un aspirador, un televisor con volumen alto o un radio despertador. Un camión de la basura provoca 75 dB.

El ruido repercute negativamente sobre el aprendizaje y salud de los niños. Cuando los niños son educados en ambientes ruidosos, éstos pierden su capacidad de atender señales acústicas, sufren perturbaciones en su capacidad de escuchar, así como un retraso en el aprendizaje de la lectura y la comunicación verbal.

La presencia de contaminación acústica tiene una serie de efectos sobre las actividades habituales interfiriendo en la comunicación hablada y alternando el sueño, el descanso y la relajación, impidiendo la concentración y generando estados que pueden facilitar enfermedades auditivas de tipo nervioso y cardiovascular.

En lo que a salud se refiere, la exposición a un excesivo ruido provoca trastornos psicológicos como conductas de irritabilidad y agresividad, estrés; fisiológicos (aumento de la frecuencia cardiaca, la presión arterial y la frecuencia respiratoria): alteraciones del sueño y del descanso lo que conduce a la falta de atención y aprendizaje, somnolencia diurna, cansancio y bajo rendimiento.

 

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